Evolución del sistema de transporte en Santiago de Chile

Hasta comienzos del siglo XX, los medios de transporte en la capital chilena no se diferenciaban mucho de los usados en el interior del país. Sin embargo, con el crecimiento de las ciudades, apareció la necesidad de contar con un sistema de transporte público más moderno y efectivo. A principios del siglo XX, las carretas y birlochos se hicieron a un lado para darle paso a los tranvías eléctricos.

En 1910, comenzaron a prestar servicio en Santiago los primeros vehículos de transporte público a gasolina. Pero no fue sino hasta mediados de la década de 1920 que se establecerían las primeras rutas de transporte de este tipo.

Para 1959, habían desaparecido ya los tranvías eléctricos, que se rindieron ante el auge de los “trolleybuses”. Éstos también dejaron de usarse cuando irrumpieron en la escena los microbuses impulsados por diésel, que se consagraron en las décadas siguientes. Para 1978 circulaban por Santiago unos 5.400 micros y, en 1988, ya eran 11.500.

El proyecto de construir un sistema de transporte público masivo y subterráneo comenzó a tomar forma hacia 1965. El 29 de mayo de 1969, bajo la presidencia de Eduardo Frei Montalva, se comenzó a construir en Santiago la línea 1 del metro. Fue en septiembre de 1975 cuando los santiaguinos pudieron hacer su primer trayecto por el subterráneo. En la década de los setentas (en tiempos de dictadura), el estado chileno mantuvo el control de los sistemas de transporte público, pero esto desembocó en la mala calidad del s1024px-Vista_Parcial_de_Santiago_de_Chile_2013ervicio y la escasez de rutas.

A partir de 1979, con el régimen dictatorial de Augusto Pinochet, se liberó el mercado del transporte urbano y se incorporaron nuevas rutas, mejorando la cobertura y disminuyendo los tiempos de espera.

Ya en la década de 1990, el gobierno chileno asumió la tarea de transformar el sistema de transporte público en la capital: se erogaron 14 millones de dólares con el fin de retirar miles de buses antiguos y se establecieron nuevos y amplios requerimientos para el transporte urbano. Estos esfuerzos mejoraron y modernizaron notablemente el sistema de transporte público en la capital chilena.